La pedagogía por competencias

Elaborar un diseño curricular supone, entre otras cosas, traducir dichos principios en normas de acción, en prescripciones educativas, con el fin de elaborar un instrumento útil y eficaz para la práctica pedagógica. Considero que el curriculum es un “eslabón” que se sitúa entre la declaración de principios y la práctica pedagógica o mejor dicho entre la planificación y la acción, así pues, es lógico que se tome como punto de referencia y ocupe un lugar central en los planes educativos para guiar a otras actuaciones (la organización de los centros, la formación del profesorado, la confección de materiales didácticos,…).

Creo que hemos sufrido en las últimas décadas una transformación muy rápida como resultado del cambio producido por la incorporación de las tecnologías a todos los ámbitos de la vida personal y social. La información que rodea la vida de los individuos se produce, se distribuye, se consume y se abandona a una velocidad cada vez más acelerada, por lo que las exigencias y desafíos a las personas y grupos sociales es cada vez más intensa. Este nuevo escenario social demanda cambios también sustantivos en la formación de los futuros ciudadanos y por tanto plantea retos ineludibles a los sistemas educativos. En lo que se refiere al ámbito educativo, ante estos cambios pierde sentido el curriculum escolar, ya que los problemas que la realidad plantea son globales y transversales. Queda también anulada una educación basada en la mera acumulación de conocimientos, pues ha llegado el momento de aprender haciendo y experimentando. La enseñanza por competencias requiere partir de un aprendizaje situado en el que el alumno ha de realizar unas tareas concretas en un contexto determinado con el fin de adquirir, a través de ellas, unas competencias básicas para su desarrollo personal a lo largo de la vida. Uno de los problemas de la enseñanza tradicional radica en que, dada la relevancia que se ha concedido al contenido, se ha fomentado demasiado a menudo un aprendizaje memorístico de conocimientos, el cual desde mi punto de vista no implica necesariamente que el aprendiz sea capaz de aplicarlos a la vida real.

El Proyecto de Definición y Selección de Competencias (DeSeCo) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define la competencia como:

“la capacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada. Supone una combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos, actitudes, emociones y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz”.

Como es evidente, el mundo está cada vez más interconectado y, por lo tanto, resulta día a día más diverso. Por ello, tenemos que comprender que para funcionar de modo adecuado, los individuos necesitan dominar las tecnologías, comprender la cantidad de información disponible,… se hace necesario el manejo de una serie de competencias que hay que dominar para alcanzar metas, que cada día son más complejas y requieren de un mayor desempeño. Las competencias clave se clasifican en tres amplias categorías:

  1. La utilización de un amplio rango de herramientas para interactuar con el ambiente. Estas herramientas serán tanto físicas, como relacionadas con las tecnologías de la información y de carácter sociocultural, como puede ser el uso del lenguaje.
  2. La facilidad de comunicación con todas las personas, muchas de diferentes orígenes, valorando la interactuación en grupos heterogéneos.
  3. La responsabilidad para el manejo de la propia vida, con capacidad para situarla en un contexto amplio y actuar de forma autónoma.

Las tres categorías se interrelacionan entre sí y constituyen la base para identificar, a nivel internacional, las competencias clave para garantizar el éxito del individuo. Pero quiero destacar otras tres condiciones para considerar las competencias como básicas o clave:

  1. La primera se relaciona con beneficios mesurables para fines beneficios i sociales. Las investigaciones más recientes demuestran que el capital humano desempeña un papel crítico no solo en la economía, sino también en beneficios esenciales para los individuos.
  2. La segunda es que las competencias deben suponer beneficios en un amplio contexto, por lo que deben ser aplicables a múltiples áreas de la vida.
  3. La tercera es que estas competencias no son las relacionadas con usos específicos para determinados oficios o formas de vida particulares, sino que es preciso destacar las competencias que todos deben desarrollar y mantener.

Una competencia es más que conocimientos y destrezas, involucra la habilidad de enfrentarse a las demandas complejas. Por ejemplo, la habilidad de comunicarse efectivamente es una competencia que se puede apoyar en el conocimiento de un individuo del lenguaje, destrezas prácticas en tecnología e información y actitudes con las personas que se comunica. Los individuos necesitan de un amplio rango de competencias para enfrentar los complejos desafíos del mundo de hoy, pero producir listas muy largas de todo lo que pueden necesitar hacer en diversos contextos en determinado momento de sus vidas sería de un valor práctico muy limitado. A través del proyecto DeSeCo, la OCDE ha colaborado con un amplio rango de académicos, expertos e instituciones para identificar un conjunto pequeño de competencias clave, enraizadas en el entendimiento teórico de cómo se definen dichas competencias. Cada competencia clave deberá:

  • Contribuir a resultados valiosos para sociedades e individuos.
  • Ayudar a los individuos a enfrentar importantes demandas en una amplia variedad de contextos.
  •  Ser relevante tanto para los especialistas como para todos los individuos.

La educación por competencias pretende presentarse como una pedagogía de “última generación” capaz de salvar al sistema capitalista de su crisis y a las nuevas generaciones del desempleo. Es el concepto mágico al que se acogen los ministerios de educación, ya que el conocimiento como tal deja de ser el objetivo central del proceso educativo, y pasa a jugar un papel secundario, dando prioridad a las técnicas, pues de esta manera se carga de un plumazo todo lo que en la educación procuraba la “comprensión” de la realidad. El corazón de las competencias no son los saberes (conocimiento), sino las actitudes y el comportamiento del alumno: responsabilidad, eficiencia, iniciativa, ejecución, trabajo en grupo,…el saber hacer.

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