HIJO TIRANO: El síndrome del emperador

No podemos considerar el término “hijo tirano” como diagnóstico de un cuadro clínico que presenta signos y síntomas de alguna “enfermedad”, pero sí utilizamos la expresión del Síndrome del emperador cuando nos referimos a esa miniatura de menos de metro y medio, que presenta unas determinadas características como insensibilidad emocional, ninguna responsabilidad ante un castigo, intolerancia a la frustración, en general un egocentrismo desmesurado que hacen de sus inquietudes la mayor de sus prioridades.

Creo que la creación del “pequeño Mussolini” es la mezcla de varios ingredientes; en primer lugar considero que la conducta de los padres provocan que el niño tome ciertas actitudes, seguidamente influye el ambiente ya que vivimos en una sociedad individualista, consumista y donde prima el éxito fácil y por ultimo puede que exista un ápice de genética, ya que desde su concepción existe una carga genética que hereda de sus progenitores. Por esta razón considero que no existe un patrón determinado y el “hijo benigno” es creado a partir de unos fundamentos positivos. Los padres no deben utilizar métodos restrictivos como antiguamente, pero si evitar dejar al niño a la deriva, porque uno de esos fundamentos es ofrecer un marco de referencia y unas bases claras que solo los adultos pueden ofrecerles a partir de una disciplina y cariño. El problema que radica es la falsa visión de los padres que creen estar haciéndoles un favor a sus hijos protegiéndolos demasiado, justo en ese momento y sin darse cuenta están mutilando la capacidad de maduración por sí mismos, creo que para educar se ha de tener claro mínimo tres criterios: tener unas metas claras para orientarlos y no dejar que se desarrollen por la propia naturaleza, enseñar a controlar las emociones para saber cómo reaccionar y establecer límites antes de que sea tarde, como en los casos del libro. Como he dicho, la disciplina comienza por los hábitos y desde pequeñitos los niños necesitan unas normas, límites que les den seguridad y más adelante sean capaces de establecer las propias en los momentos claves. Para finalizar me gustaría destacar la orientación en la vida del niño a partir de la dualidad, ya que no puede escapar de esa lucha y debe vivir entre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo. Aprendemos de los errores, de las dificultades, si no hay una  tesis y una antítesis no se puede crear. Frente a esa polaridad, desarrollamos nuestra propia identidad, y como en “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” no podemos pretender huir de nuestras capacidades (el bien y el mal), porque a partir de la lucha de responsabilidad entre el individuo y la sociedad adquirimos las herramientas para madurar y tomar el control de nuestra propia vida.Image

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