El profesor candidato

En un pueblo de unos 10.000 habitantes, Julián se presenta a las próximas elecciones municipales como segundo en la lista de un partido político. Julián es profesor de adultos e imparte en la misma localidad clases de graduado escolar. Está considerado por sus alumnos como un buen profesor y tiene sobre ellos un cierto ascendente. En las clases no es extraño que ocasionalmente se hable de temas directa o indirectamente relacionados con la política: con la política mundial o estatal y también con lo que ocurre en el pueblo; a veces incluso se critican decisiones o actuaciones del actual alcalde. Julián procura siempre que cuando aparecen estos temas se traten de forma respetuosa y dialogada, y él, aunque en muchos casos no se abstiene de dar su opinión, procura adoptar el papel de moderador. Sin embargo, desde que se ha entrado en periodo electoral, Julián ha procurado evitar que se hable de política y, mucho más, de política municipal. De todos modos, el otro día el alumno -Rafael, 35 años, obrero de la construcción- en clase le pidió que les comentara su decisión de presentarse a las elecciones. Julián respondió que no iba hacerlo pues no quería utilizar la clase como lugar de propaganda electoral. Rafael insistió aduciendo que todos eran bastante mayorcitos como para no dejarse manipular y que si otras veces hablaran de política porqué no podían hacerlo ahora. Julián, que notó un general asentimiento de la clase a las palabras de Rafael, dudó por momentos, pero enseguida respondió de la forma siguiente:

  • “De acuerdo, si todos estáis conformes, en los veinte minutos que quedan de clase voy a explicar porqué me presento a las elecciones y luego comentamos entre todos lo que queráis sobre esto”.
  • “Lo siento, pero no creo que deba hablaros en clase de las elecciones y de mi participación en ellas. Quien quiera saber lo que pienso al respecto tiene a su disposición el programa de mi partido y puede asistir a los mítines que estamos organizando”.
  • “Lo siento, pero no creo que deba hablaros en clase de las elecciones y de mi participación en ellas. Si alguien tiene un especial interés, luego vamos al bar a tomar unas cervezas y hablamos de todo lo que queráis”.
  • “No creo justo que utilice la clase para hacer propaganda unilateral de mi candidatura. Por otro lado, me sería muy difícil en estas condiciones hablar imparcialmente de las elecciones. Por tanto, si os parece, puedo intentar organizar para otro día un debate en la escuela con la participación de representantes de todos los partidos”.
  • “Os propongo que primero discutamos sobre otro tema: ¿Porqué sí o porqué no debería yo ahora hablaros de mi candidatura? yo ahora hablaros de mi candidatura? Yo voy a defender que no debería hacerlo, pero si alguien me convence con buenas razones de lo contrario, el próximo día dedicamos un rato a que yo os explique mi programa”.
  1. ¿Cual de estas respuestas consideras más adecuada? ¿Por qué?
  2. ¿Qué otras alternativas puede haber?
  3. ¿Julián debería actuar de modo distinto si en lugar de ser candidato en el mismo pueblo en el que ejerce como profesor, lo fuese de otra localidad?
  4. ¿Debería Julián consultar o someter su decisión a alguna instancia superior (claustro de profesores, consejo escolar, inspección…)?
  5. Si una pregunta semejante se la hubieran hecho después de las elecciones, debería Julián actuar de forma diferente?
  6. Si fuesen no adultos sino adolescentes de formación profesional, la decisión de Julián debería variar.
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