Dime como evalúas y te diré que tipo de profesional eres

Partiendo de la base de que un profesor no realiza la misma evaluación a un alumno, puesto que la actividad que se debe evaluar depende del contexto en que este inserta la práctica. Se puede decir que la evaluación está regulada por disposiciones legales, por lo que el profesor no puede hacer su propia evaluación sin tomar en cuenta estas normas. Un profesional realiza la evaluación con una actitud determinada y desde un punto de vista particular, incluso puede tener un criterio contrario a la norma pero por desgracia se ve obligado a cumplir dichas pautas evaluadoras. La evaluación en las instituciones está sometida a una constante presión de diverso tipo:

  1. Primero porque el conocimiento se relaciona con una nota y es por esta razón que la familia se interesa más por los resultados que obtienen sus hijos que por la adquisición de conocimientos y/o habilidades.
  2. Segundo, la comparación que hace la sociedad entre los que tienen mejores y peores calificaciones, les otorga un cierto nivel de jerarquización a los evaluados.

Al pensar en preguntas como: ¿Cómo me defraudaría mi profesor durante el curso? y poniéndome en el caso de futuro pedagogo ¿Cómo me defraudarían mis alumnos durante el curso? Reconozco que estoy muy de acuerdo con lo que explica el autor, es muy frecuente encontrarse con casos donde se les da mucha relevancia a la calificación y que obviamente no aprendemos simplemente por tener el interés en adquirir dichos conocimientos, sino que lo hacemos por el interés de sacarnos una buena nota. No es mucho lo que se puede hacer al respecto si en todos los procesos de selección se toman más en cuenta nuestras notas, claro que somos nosotros como futuros educadores los que debemos empezar por realizar este cambio. El conocimiento académico tiene un doble valor, uno de cambio y el otro de uso; y cuando predomina el valor de uso o sea que el conocimiento es útil y despierta el interés en el aprendizaje, lo que en realidad importa es el APRENDIZAJE. Pero en cambio si el valor de cambio es el que predomina (el conocimiento se puede canjear por una nota), lo único que importa es aprobar, y el conocimiento pierde todo su valor. La anécdota de Gelner, contada por el autor, un título o documento es el único que acredita a todos que ya he adquirido conocimientos o que tengo ciertas aptitudes para algo. Creo que no se le debería dar tanta importancia a las notas, referente a este caso, pongamos un claro ejemplo; en el colegio se premia a las personas que tienen mejores calificaciones pero en ningún caso a los que se esfuerzan al máximo por salir adelante, ¿Qué valor se le otorga a  quienes muestran esa actitud? Eso duele, y no porque no obtengan algún reconocimiento, sino porque la mayoría de las veces uno deja de lado sus responsabilidades para ayudar a los que más les cuesta aprender y eso no se le reconoce a este tipo de alumnos que no tienen las mismas facilidades de sacarse una mejor nota, no se valora el esfuerzo. Mi conclusión sobre este tema es que no se debe seguir confundiendo la evaluación con la calificación pues claramente poner una nota no es un proceso de evaluación. No se debería evaluar sólo el conocimiento y las destrezas sino también las actitudes y los valores de los aprendices.

También es importante evidenciar que hay “docentes” que etiquetan y clasifican a los evaluados, los condicionan y predisponen al fracaso o al éxito. Tienen la mala idea de prejuzgar negativamente a los alumnos de baja condición económica, a los más desordenados, a los torpes, creando en ellos mismos el ambiente idóneo para que fracasen. No hay que olvidar que un profesor tiene unas obligaciones sociales y morales con sus alumnos y sobre todo con ellos mismos, no debería permitirse a aquellos que no tienen la vocación de enseñar que realicen clases, porque si estudian por obligación, no tendrán la paciencia ni las técnicas necesarias para MOTIVAR a los aprendices, ya que considero la motivación una parte fundamental en el proceso de aprendizaje.

Como profesores no debemos pretender ser sabios y ver al alumno como la persona que sólo tiene que aprender de nosotros, él también debe buscar conocimientos independientes o en grupos, debe compartir para adquirir un nuevo aprendizaje. El evaluador debe tener conciencia de que de la forma en que enseña dependerá parte del aprendizaje, si el alumno fracasa debe aceptar que en el proceso de enseñanza también se puede haber cometido un error. Hay veces en que el evaluador usa la evaluación como un arma (amenaza o “intimidación”) y no la emplea como un estímulo. El evaluado es amenazado con las calificaciones y el clima que se vive en la sala de clases es alterado y los evaluados no se atreven a criticar al profesor por miedo a las represalias y por lo tanto el evaluador no podrá reflexionar sobre su actitud y su práctica.

Por otra parte, los docentes deben dejar de lado su práctica individualista pues no pueden pensar sólo en cómo les va sus alumnos en su propia asignatura, también es necesario que compartan información relacionada con su curso con sus colegas y así logren reflexionar sobre la eficiencia de su práctica. Me parece que este artículo nos presta una gran ayuda al momento de nuestra práctica pues nos da a conocer lo que algunos docentes hacen y lo que no deberían hacer, nos permite saber los errores que no debemos cometer con nuestros alumnos. Aunque el medio nos condicione a seguir por el mismo camino de clasificaciones educacionales de acuerdo al nivel socioeconómico, tenemos que ser lo suficientemente fuertes para no permitir que eso siga sucediendo y tener presente que tenemos la obligación de ayudar a nuestros alumnos para que crezcan como personas y a guiarlos para que alcancen sus propias metas, motivarlos a no tener limites.

Es de gran utilidad saber que existen personas que al igual que yo, estamos preocupados por la práctica con la que se lleva a cabo la evaluación. No sólo se debe evaluar a los alumnos sino también a los docentes, es necesario analizar críticamente nuestra forma de actuar. Así obtendríamos una alta mejoría en los procesos de aprendizajes y claramente en la calidad de la educación.

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